Me gusta escribir en primera persona porque siento que así defiendo la libertad, y este artículo tiene como propósito luchar por lo que eso significa. Nuestro país vive, quizá, una nueva encrucijada política en la que mucho está en juego y de la que puede depender el presente y futuro de la nación. No sólo eso, este momento también requiere que cada uno de nosotros haga lo que crea que contribuye y lo que crea correcto hacer, por tal motivo estoy convencido que lo correcto es hacer esta crítica y aquí voy.

En política; repito, y no sólo en ella, es importante el mensaje, porque el mensaje es lo que genera ese capital fundamental llamado confianza. Es fácil, si un político quiere triunfar necesita la confianza de la gente; si quiere lo contrario, sólo basta con que tome caminos dudosos para perderla. El mensaje no sólo lo proyecta la palabra, sino también puede proyectarlo cómo te comportas.

Los días que vienen son una prueba real para quién es el presidente de todos los venezolanos, que a mí no deja de preocuparme. Su reciente alocución, en la daría anuncios importantes, decidió rodearla de extraños caminos y de pasadizos insolubles para los políticos y mafia más repudiada por la ciudadanía; de lado y lado. Decidió acompañar su mensaje por quiénes vienen dirigiendo equivocadamente el destino de los venezolanos, y no es poca cosa el entorno de un presidente.

Es una realidad que proponer un puente de plata a los responsables de la crisis, generó percepciones negativas sobre la persona a quién la historia y los venezolanos le entregaron una responsabilidad de oro para dirigir una transición de la dictadura a la democracia.

La crítica desde ese momento ha sido invitada al terreno de la opinión pública, que siempre debe estar atenta y oportuna. Esto, sin duda, después de lo que pasó, debe ser tomado por el presidente como una buena noticia, porque sólo la crítica podrá salvarlo y explicaré el por qué.

Juan Guaidó es el encargado de una difícil labor, lo sé. No debe ser sencillo el lugar dónde hoy está parado, ¿pero saben una cosa? Él lo decidió así desde el momento que aceptó subirse a ese barco, y al subirte en una responsabilidad como esa te quedan dos opciones: o cumples con las responsabilidades que la labor reclama o te haces a un lado.

No hay un manual de cómo hacer política en dictadura, lo sé también. No hay una cátedra para eso, más allá que las ganas de querer hacerlo. No hay una universidad que te enseñe esa labor. Los que decidieron hacer política en dictadura lo hicieron bajo su voluntad sabiendo que no había manual y a eso se deben.

Hoy Guaidó debe agradecer la crítica y entenderla como una salvación. Cuando la ciudadanía le cuestiona, lo hace por su bien; eso creo yo, porque al criticarle se busca alertarlo y mantenerlo enfocado en la ruta de todo un país. La crítica, a mi entender, no busca dañarlo, porque la gente entiende que sí triunfa, en su intención de lograr el cese de la usurpación, todo el país habrá ganado también.

Soy ciudadano venezolano y eso me califica suficientemente para saber que las decisiones que el primer mandatario nacional pueda tomar inciden en mi vida, por tal razón no debo permanecer callado si veo que la vieja política arropa al presidente buscando influir en su manera de actuar y salvar un sistema perverso, que choca con la idea de un país mejor.

Los que esperan una sociedad autocensurada contribuyen al régimen y a esa vieja costumbre de ver a los políticos como dioses incuestionables y no como funcionarios públicos que están al servicio de la gente.

Para mí Guaidó no es un Dios, es un político y así voy a tratarlo. Le cuestionaré, criticaré y enfrentaré como civil si veo que la ruta que juro defender la echa a un lado por presiones de viejos líderes que no dejaron un legado político, más allá que el de dilatar la libertad de Venezuela con colaboraciones a la dictadura.

Como un apasionado por el periodismo defiendo el derecho de la gente a expresar su disconformidad ante lo que no ve correcto. No esperen que en esta hora yo le pida a los ciudadanos que callen y dejen de presionar al presidente que tiene la tarea de devolver la constitucionalidad a la república. No esperen que cambie los postulados de esta profesión que tiene como principales aliados la libertad de expresión y la opinión.

Guaidó mientras ocupe ese cargo debe entender que no es el presidente de un partido político, sino el de todos los venezolanos; y que es momento de elegir cómo quiere que la historia lo recuerde, si como el hombre que dejó que los políticos desprestigiados empañaran su manera de hacer las cosas o como el hombre que asumió la crítica con humildad y supo reconsiderar su compañía.

No esperen que deje de preocuparme si veo a Guaidó catalogando como: “los líderes del país” a políticos que sólo se quedaron en la necedad de dialogar con criminales, de vender elecciones con un consejo electoral viciado o pedirle a la que gente que se doblara para no partirse.

Hoy te debes a la gente, Guaidó, esa que ve como la angustia nacional se acrecienta cada día que la usurpación se mantiene en el poder a la fuerza. La crítica no le va a dividir señor presidente, lo que le va a dividir es que no la acepté y se siga rodeando de tan malas compañías.

Esa falsa dirigencia restó más cuando no escuchó el mandato de sus ciudadanos. Ahora no pidan qué se pierda la preocupación si rodean a la persona que tiene en sus manos muchas vidas. Ellos sí restan presidente, no suman.

A los precursores del: “suma, no restes” les digo, sólo la crítica salvará al señor presidente y, de ser así, el país tendrá éxito. Muchas gracias.