Venezuela vive un momento crucial en la búsqueda de la tan ansiada libertad, una vez que la comunidad internacional; encabezada por Estados Unidos, otorgara la categoría de régimen narcocriminal a la usurpación de Nicolás Maduro. Pareciera un periodo cumbre, trascendental para cada paso a tomar por la dirigencia política que dice luchar contra la tiranía, sobre todo para Juan Guaidó; quien ahora no tiene espacios para la duda y la improvisación.

Sin embargo, en pleno careo con el destino que debe enmarcar el país, preocupa mucho la primera puesta en escena del presidente encargado de la república, Juan Guaidó; quien sorpresivamente se embarcó en el vehículo de la imprecisión y la confusión.

En la noche del pasado 28 de marzo, Guaidó envío un mensaje a la ciudadanía lleno de más sombras que luces; uno que deja al dibujo libre de las interpretaciones, cancha abierta para que haga un trabajo poco conveniente. El dirigente expuso y convocó a la conformación de un “Gobierno de Emergencia Nacional”.

Lo sorprendente del caso no es el título que ostenta semejante proposición, sino los cimientos pocos claros a los que Guaidó confía la construcción de tamaña estructura política.

Todas las palabras tienen peso

En política la palabra tiene peso, por muy pequeña que sea. Es absurdo pensar que la lupa de la opinión pública no pondrá la atención necesaria a lo que diga el personaje encargado de dar viabilidad a una transición en Venezuela de la mafia a la democracia.

Es por ello, que en la revisión de cada palabra de Juan Guaidó, nacen preguntas imposibles de eludir por un hombre serio y con buenas intenciones.

Por ejemplo, él (Guaidó) se refiere a que ese “Gobierno de Emergencia Nacional” debe estar conformado por “todos los sectores políticos” del país, y entonces me pregunto, ¿también incluye al chavismo?

Pero no es la única que puede hacerse en un contexto como este, para nada. Habría que preguntar al presidente si su convocatoria también está hecha para toda la estructura criminal que fue acusada por EEUU de narcotráfico y a la que la justicia estadounidense le puso precio.

Incluso, me lleva todo esto a cuestionar por qué sólo es tajante en que Nicolás Maduro no puede formar parte, ni presidir, ese “gobierno”, pero no cierra las puertas a todo el conglomerado criminal del que se nutre esa usurpación.

Pretender llevar una discusión como esta al plano individual, es negar la realidad de que el problema mayor proviene del sistema; da igual quien sea la cara visible. Es absurdo querer un cambio de raíz para Venezuela sin contemplar la finalización de esa forma de hacer política; sin contemplar que existe una mafia y no es sólo un hombre.

Guaidó, la hora de las ambigüedades pasó y la dureza internacional te lo está demostrando. Ya los pactos y negociaciones con ese sector chavista debe terminar de una vez por el bien del país y, además, porque no es lógico colocar un puente de plata para que se salven y disfruten de la nueva Venezuela los que la han hundido en miseria.

Hoy no es momento para el Guaidó que hasta ahora hemos conocido, ese lleno de innumerables pasos erróneos y de dilatación de la lucha por la libertad. Es momento, de la fijación con la voluntad de los ciudadanos y con un mensaje claro y conciso que  de por sentado de una vez que el chavismo no es un sector político y que menos está preñado de buenas intenciones. Es momento de actuar y ganar por el país.