Seamos Luz

Nunca había sido tan difícil tratar de vivir en la normalidad dentro de lo anormal. Por lo general, crecemos en una cultura donde te enseñan a que tienes que saber que vas a ser de grande, que te tienes que preparar, obtener una carrera universitaria, formar una familia, en algunos casos dejar un legado en tu entorno y ser la mejor persona que puedas para prepararte cada día. Es así, como en la mayoría de las sociedades occidentales nos han formado. Pero ahora bien, que tan “normal” o que tan “común” puede ser para cualquier ser humano si no tiene las condiciones necesarias (o al menos básicas) para lograr todo lo anterior?

Por fortuna, escogí por profesión una carrera que nos permite entender un poco sobre política, economía, cultura, idiomas, relaciones internacionales y demás. Pero en mi país, Venezuela, saber de estas cosas está muy arraigado a nuestro ser, quizás sin haberlo pedido, no nos quedo de otra. Tengo 24 años, mis primeros recuerdos políticos se rememoran al año 2002, más específicamente el Golpe de Estado del 11 de abril contra el Presidente de ese entonces, Hugo Chávez. Por supuesto, no podía entender que pasaba.. pero si podía entender que algo no andaba bien para que el sentimiento nacional fuese de tanto malestar y rechazo.

Posteriormente, el Paro Petrolero del año 2003, donde muchísimos ingenieros de PDVSA (empresa privada a manos del Estado que se encarga de la producción y explotación de hidrocarburos), donde las protestas estaban a la orden del día y era inseguro hasta ir al colegio, sin mencionar las colas kilométricas y que podían durar semanas para cargar combustible. Poco a poco, así como yo, mi generación fue creciendo con esa conciencia política de que algo no andaba bien en el país y que dentro de todo, había ciertos límites de llevar una vida normal porque todo dependía de “vamos a ver si no pasa nada”, así como las continuas compras compulsivas en los supermercados porque “no sabías que iba a pasar y era mejor tener reservas”.

Crecí durante el período con probablemente más elecciones en la historia del país. No necesitamos ningún simulacro electoral. Donde constantemente tenías un lado y tenías a otro, sólo cambiaba la cara que representará al segundo. Más aun, me tocó iniciar mis estudios universitarios en el año 2012. Año que se acentúa la enfermedad de Hugo Chávez y en plena Cadena Nacional anuncia que deja a Nicolás Maduro de sustituto. Me ha tocado vivir y experimentar en carne propia el actual gobierno, cabe destacar, a mi nadie me lo esta contando. Por lo que, simultáneamente, íbamos analizando en clases si las decisiones gubernamentales estaba apegadas al deber ser de la Constitución Nacional. Por supuesto, no hacía falta tener mucho pensamiento crítico para percatarse que las cosas no se estaban haciendo bien.

En seis (06) años, entiéndase, el Primer Período Presidencial de Nicolás Maduro… nunca había observado un deterioro más grande, tanto del país como el de su gente. En pleno año 2019, jamás ningún venezolano que haya vivido “la Época Dorada”, se imagino que llegaríamos a un país con la inflación más alta del mundo, donde la denominación de su moneda ha tenido que ser reconvertida por las altas cifras que alcanzó y a pesar de todo… el salario básico de un mes equivale a 6$ del mercado accesible. Podemos destacar que según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, se considera a un individuo bajo el umbral de la pobreza extrema si gana 1,25$ al día.

Debo mencionar que no existen medicinas para los malestares más comunes (ej: Ibuprofeno) y de conseguirlo equivale a 8 salarios mínimos. Sin mencionar, medicamentos para el cáncer, tiroides, tensión, diabetes, tratamientos de diálisis, entre tantos otros.

Tenemos el índice de violencia más alto de América Latina, donde tu vida vale menos que un carro o un teléfono inteligente y donde el Toque de Queda es tácito. Caracas, la ciudad capital, tiene un índice de 120 muertes violentas por fin de semana. No se consiguen productos básicos de alimentación ni de higiene personal. Y existen las personas que lo quieren revender por un precio muy por encima de su valor. Por si fuera poco, se nos ha acreditado el mérito (si es que se puede llamar así) de poseer la mayor Diáspora en la historia de la región (según cifras oficiales de las Naciones Unidas, se estima que 3 millones de venezolanos, pero no oficiales se calcula 5 millones).

Yo personalmente, en esta etapa de mi juventud, ya me acostumbre a tener números internacionales y que mis amigos más cercanos y familiares me demuestren su cercanía por una pantalla de celular. Donde cada vez surgir es más difícil. Y a todo esto se suma, un gobierno ineficiente y unas instituciones corruptas que no responden a los intereses de los ciudadanos. La brutal represión por parte de las fuerzas armadas del Estado en momento de protestas a sangre fría te hace preguntarte si de verdad pensar diferente amerita un crimen tan atroz. Claro, no todo podemos atribuírselos a ellos.

Lamentablemente, esta situación ha hecho que los venezolanos creemos un sentido de “supervivencia”, la Ley del Más Fuerte, y nos hemos desensibilizado muchísimo de lo que significa el valor de la vida y de la dignidad humana. Es sumamente angustiante, desmotivador y desesperante ver un hermano en la calle y no poder hacer nada para ayudarlo porque, dentro de todo, tú también estas haciendo lo posible para sobrevivir.

La pérdida de vidas, por los diferentes motivos, y más aun después de los apagones totales que ha vivido el país, es una de las cosas que más nos golpea para seguir adelante. Pero con todo y todo, aquí estamos, con miedo pero esperando la oportunidad ideal para salir adelante y ser los seres humanos sin distinción que queremos construir un mejor país. Queda de parte de nosotros, como ciudadanos y parte de este todo, que por los momentos representa un caos, ser luz que alumbre entre tanta oscuridad.

 

Lic. Andrea Fridegotto-

Sub Secretaria General Nacional / Movimiento Ecológico de Venezuela (MOVEV)

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