Venezuela atraviesa una de las peores crisis humanitaria en su historia y aunado a esto, la pandemia por Covid-19, ha frenado al país por más de siete meses en una cuarentena que conlleva a menos trabajo y menos ingresos para los venezolanos. Además, los precios elevados de los alimentos no permiten que los trabajadores adquieran al menos la cesta básica de alimentación, si un sueldo mínimo es menor a $1 y la canasta alimentaria para el mes de octubre del 2020 se ubicó en $165,02, según el Centro de Documentación y Análisis, la pregunta sería: ¿Cómo es posible poder alimentar bien a una familia?

Las futuras generaciones tienen grandes carencias, los niños y niñas presentan signos avanzados de desnutrición y sin un panorama claro de mejoría. Sin duda, los infantes tendrán grandes consecuencias por la crisis económica tan prolongada en el país. Asimismo, hay señales claras de que la situación de pobreza está limitando el acceso de los niños a la asistencia médica, a los alimentos y a las medicinas.

Según la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), uno de los países más afectados por el hambre durante la pandemia es Venezuela, donde los niveles de desnutrición de los niños menores a 5 años ya son comparables con los países más pobres del planeta.  

Básicamente, los padres deben hacer magia para alimentar a sus hijos, sabiendo que los estragos de la desnutrición que afrontan hoy dejará secuelas imborrables en sus vidas.  Los infantes tendrán grandes problemas en su desarrollo físico e intelectual a corto, medio y largo plazo.

En Venezuela el nivel de pobreza cada día es más alto, se evidencia que en los hogares más numerosos reportan mayores niveles de mala alimentación. La realidad con la que lidian los venezolanos a diario es vivir en un país sumido en miseria, hambre y angustia.