(Caracas, 30 de noviembre de 2020).- Un tejo macho, ubicado en la iglesia Llanfeugan en Pencelli, Gales, que se cree que tiene 3.000 años, ha sorprendido a los aldeanos al producir repentinamente bayas. El árbol de los más antiguos de Gales, que se encuentra en un pequeño pueblo en las afueras de Brecon, ha decidido cambiar de sexo a una edad avanzada.

Los tejos son típicamente dioicos, lo que significa que son de uno u otro sexo. Los árboles masculinos tienen pequeños conos que liberan nubes de polen durante el tiempo de reproducción y los árboles femeninos tienen bayas de color rojo brillante.

En los registros históricos, este árbol ha sido descrito como “macho”, le dice a BBC Mundo, Max Coleman, del Jardín Botánico Real de Edimburgo, quien notó por primera vez el cambio.

“Y es evidente que es macho porque por donde lo mires, verás que tiene partes reproductivas de macho, excepto en una pequeña zona en la corona en la que encontramos frutos”, explicó el botánico.

En su blog, Coleman explicó: “Por extraño que parezca, se ha observado que los tejos y muchas otras coníferas que tienen sexos separados cambian de sexo.

Normalmente, este cambio ocurre en parte de la copa, en lugar de que todo el árbol cambie de sexo. En el tejo Fortingall, parece que una pequeña rama en la parte exterior de la corona ha cambiado y ahora se comporta como una hembra”.

Los machos, como el de Fortingall, producen estructuras esféricas de un color verde amarillento que liberan polen, mientras que las hembras producen frutos rojos, como los que se observaron recientemente en este espécimen.

Aunque el fenómeno se ha registrado en el pasado, Coleman explica que sigue siendo una ocurrencia muy rara.

Por otra parte, los cambios suelen darse en una parte más amplia del árbol mientras que en el ejemplar escocés sólo se manifestó en una rama. La transformación de macho a hembra se debe un cambio en el balance hormonal de la planta, que controla la producción de los órganos reproductivos.

Una posibilidad, sugiere el científico, es que el disparador haya sido el estrés ambiental, “como en el caso de que haya vivido una sequía o soportado temperaturas extremas”.

Pero más allá de las razones del cambio y la sorpresa inicial que produjo, lo más importante, es que gracias a esta transformación se pudieron obtener, por primera, vez semillas de este árbol único y longevo.

“Estamos plantando las semillas ahora”, dice. Si germinan, el Tejo de Fortingall producirá sus primeros hijos identificables en miles de años.

Las semillas también pasarán a formar parte de un ambicioso proyecto que busca conservar la diversidad genética de los tejos en el mundo.