Con la promesa del “diálogo” frente a la “discordia” y la fragmentación, el socialista Pedro Sánchez defendió su flamante gobierno de coalición con la izquierda radical de Podemos

Con la promesa del “diálogo” frente a la “discordia” y la fragmentación, el socialista Pedro Sánchez defendió este domingo su flamante gobierno de coalición con la izquierda radical de Podemos, un experimento novedoso en la España moderna y que deberá lidiar con desafíos como el Brexit o el separatismo catalán.

El presidente Sánchez comunicó la lista de sus ministros al rey Felipe VI, tras lo que presentó a su nuevo gabinete afirmando que, pese a los diferentes perfiles, caminará unido.

“Es un gobierno plural, es un gobierno de coalición, pero con un firme propósito de unidad”, aseveró en una breve declaración institucional.

Los ministros asumirán sus carteras el lunes, y el martes celebrarán su consejo inaugural. Será el primer gabinete de coalición en España en más de 80 años, y el primero en estas cuatro décadas de democracia.

Cuenta con cuatro vicepresidencias, entre ellas la de Derechos Sociales, desempeñada por el líder de Podemos, Pablo Iglesias, y 18 ministerios. En total, 12 hombres y 11 mujeres para un ejecutivo comprometido con “la plena igualdad de la mujer”, dijo el presidente.

La izquierda radical contará con un total de cinco miembros, y además de una de las vicepresidencias, tendrá las carteras de Trabajo, Consumo, Igualdad y Universidades.

En una coalición no exenta de recelos -PSOE y Podemos compiten por el mismo espacio electoral-, Sánchez se reservó para sus fieles los puestos clave, como Interior, Hacienda, Defensa o Transportes.

Contrastando con los perfiles más marcados de Podemos (los comunistas Alberto Garzón en Consumo y Yolanda Díaz en Trabajo), Sánchez optó por sendos defensores de la ortodoxia fiscal en Economía (Nadia Calviño, también vicepresidenta) y Seguridad Social (José Luis Escrivá, previamente promovido por el anterior gobierno conservador del Partido Popular).

Respondiendo a las inquietudes de la patronal, los socios de gobierno prometen disciplina en las cuentas públicas.

Eso sí, quieren marcar terreno con una serie de medidas estrella: nuevo aumento del salario mínimo (ya incrementado en un 22% en 2019), mayor presión fiscal a los más ricos, freno a “las subidas abusivas del alquiler”, y derogación parcial de un reforma laboral de 2012 que permite a las empresas despedir a trabajadores de baja por enfermedad, o modificar los contratos unilateralmente.

Para la cartera de Exteriores Sánchez fichó a Arancha González, una experta en comercio internacional curtida en la OMC y la Comisión Europea.

– Gobierno minoritario, y derecha enfadada –

PSOE y Podemos gobernarán en minoría, con sólo 155 de los 350 escaños de la cámara baja, lo que augura negociaciones laboriosas para sacar adelante cada ley, empezando por los Presupuestos.

Uno de los mayores puntos de fricción será la crisis catalana. Sánchez instalará próximamente una mesa de negociación con el ejecutivo independentista de la región, una medida muy criticada por la oposición conservadora, por considerarla una cesión.

Sin referirse explícitamente a Cataluña, el dirigente socialista defendió su enfoque, afirmando que quiere “una España de convivencia, y no discordia o de sobreexcitación”.

Su equipo, insistió, “arranca con el propósito de dialogar para resolver las diferencias, porque no hay nada más progresista que dialogar”.

Precisamente, este domingo miles de simpatizantes del partido de extrema derecha Vox, tercera fuerza parlamentaria, se manifestaron en varias ciudades de España para denunciar lo que consideran un “gobierno en manos del separatismo”, tal como rezaba el manifiesto leído en las concentraciones.

“No sabemos lo que ha negociado con ellos, ni lo que les ha ofrecido” a los separatistas catalanes, comentaba Irene Benítez, una funcionaria de 55 años, en Madrid.

A partir del 31 de enero, el ejecutivo de Sánchez deberá afrontar también las consecuencias del Brexit, un acontecimiento sensible en una España que acoge la mayor comunidad de expatriados británicos en Europa, y comparte frontera terrestre con Reino Unido a través del enclave de Gibraltar.

Igualmente, el gobierno quiere combatir la despoblación en amplias zonas del interior del país, una tarea en manos de Teresa Ribera, vicepresidenta de Transición Ecológica y Reto Demográfico.

Aunque uno de los aspectos que más atención recibirá es la propia cohesión del gobierno de coalición, fraguado tras meses de negociaciones e incluso años de rencillas y desencuentros personales entre Sánchez e Iglesias.

Para prevenirlo, ambos partidos firmaron esta semana un “protocolo de funcionamiento”, que insiste en la “lealtad” y la “buena fe” entre ambos, e incluye una comisión permanente de seguimiento del acuerdo de gobierno para fiscalizar las medidas acordadas y dirimir discrepancias.

Con información de NTN24