Las caricaturas de Mahoma publicadas en un diario danés en el 2005 han dejado un reguero de sangre en cuatro continentes. Un serial trágico que llegó al clímax diez años después con la matanza en la redacción deCharlie Hebdo. En su decimoquinta temporada, el drama cobra nuevo ímpetu, con dos presidentes en horas bajas en sendos papeles estelares.

El francés Emmanuel Macron se ha convertido en la nueva diana del sector ofendido de la calle árabe y musulmana. Para ellos representa la encarnación más acabada de la islamofobia en Europa, a causa de su defensa irreductible de la libertad de expresión, incluida la blasfemia, en un país que lleva el laicismo en su ADN.

En la propia tierra del profeta del islam, el Gobierno saudí ha hecho un llamamiento a evitar provocaciones

Sin embargo, la otra república laica por excelencia –aunque con presidente islamista– censuró ayer duramente a Macron. Nada menos que un 90% de los diputados de la Asamblea de Turquía, tanto de la coalición de Gobierno como de la oposición, aprobó una declaración unitaria condenando “la retórica enferma” del presidente francés, que según ellos “puede provocar una ruptura con consecuencias globales”.

Recep Tayyip Erdogan, que dudaba de “la salud mental” de Macron hace unos días, ha conseguido así cerrar filas, mientras desde Bruselas se le recuerda que Turquía necesita más a Europa que Europa a Turquía.

Su llamada al boicot de marcas francesas ha tenido hasta ahora un seguimiento testimonial en el mundo musulmán, limitada prácticamente a algunos productos alimenticios. Solo en la capital de Bangladesh se ha producido una manifestación de más de diez mil islamistas, que se disolvió sin grandes incidentes al no poder alcanzar la embajada de Francia.

Aun así, París llama a sus conciudadanos a la cautela en varios países. Y los embajadores franceses, en cualquier caso, han sido llamados a capítulo en Irán y en Pakistán. En Islamabad, el Parlamento también ha emitido una declaración de condena, no del degollamiento del profesor de secundaria, Samuel Paty, a manos de un asesino checheno, sino de la supuesta “retórica incendiaria” del jefe de Estado francés.

En la misma Estambul hubo ayer una minúscula manifestación de funcionarios próximos al Gobierno. Y nada más. La polémica, no obstante, intenta abrir una brecha en la alianza entre Francia, Egipto, Emiratos y Arabia, que choca con Turquía en Libia y en el Mediterráneo Oriental.

En la propia tierra del profeta del islam –cuyo nacimiento se celebra esta semana– el Gobierno saudí no ha querido entrar al trapo y ha hecho un llamamiento a evitar provocaciones.

Sin embargo en Abu Dabi, un “consejo de sabios”, presidido por el imán de Al Azhar, se ha propuesto llevar a juicio a Charlie Hebdo . En Qatar, una universidad ha suspendido la semana de cultura francesa. Mientras que en Kuwait y en Jordania es donde se han vaciado más alacenas de supermercados y hasta algún restaurante ha alfombrado el suelo con retratos de Macron.

El islam es, como el judaísmo, una religión iconoclasta. Hace tres meses, Erdogan ordenó tapar sin contemplaciones la imagen de Jesucristo en Santa Sofía, el mayor templo de la cristiandad durante un milenio. Dijo que la reconversión del museo en mezquita era “una decisión interna”.

En líneas parecidas, el ministro del Interior galo ha dicho que la República francesa obedece sus leyes y no otras. Aunque nadie quiera asumir la contradicción de dar estatuto de refugiado a islamistas chechenos mientras se defiende el derecho a blasfemar.

Erdogan, por último, ha presentado denuncia contra el ultraderechista holandés Geert Wilders, que difundió una caricatura suya con turbante explosivo.

Mientras, en Nueva Delhi, lejos de los focos, el primer ministro Narendra Modi rompía ayer un tabú de 73 años al notificar que desde ahora cualquier indio puede adquirir propiedades en la disputada Cachemira, de mayoría musulmana, abriendo así la puerta a un vuelco demográfico.

Modi blindaba este giro invitando a su lado –nada menos que en el día Negro con el que los soberanistas cachemires lamentan la anexión– al secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, con el que firmaba un pacto militar.

Con información de la vanguardia