Como hace 20 años, los estadounidenses han amanecido esta mañana sin saber quién será su próximo presidente, con Donald Trump clamando victoria antes de que se contarán millones de votos en estados clave que pueden acabar decidiendo las elecciones y los demócratas reviviendo la traumática experiencia del 2016, cuando estas se decidieron por un puñado de votos que al final fueron en la dirección del republicano. Las perspectivas de victoria para Joe Biden no son sin embargo tan estrechas como se pudo pensar anoche cuando se comprobó que no había sido capaz de arrebatar a Trump ni Florida ni Texas y la batalla volvía a desplazarse al antiguo cinturón industrial del país.

Pendiente todavía de computar parte del voto de las grandes ciudades, los datos del voto por correo que están llegando desde Michigan y Wisconsin apuntan a una posible victoria demócrata; faltan por computarse por ejemplo parte de los votos de Detroit, favorables probablemente a Biden. De confirmarse las victorias del candidato demócrata en Arizona Nevada –todavía en el aire y con márgenes cada vez más estrechos– el ex número dos de Barack Obama alcanzaría los codiciados 270 votos del colegio electoral sin necesidad de ganar en Pensilvania.


Estados Unidos ha descubierto que es una nación todavía más dividida de lo que pensaba hasta ayer


En este estado, Trump va ligeramente por delante por un margen también muy apretado y el recuento del voto por correo, que los republicanos amenazan con impugnar, puede prolongarse al menos hasta el viernes. Queda sin embargo más de un millón de votos por contar en áreas tradicionalmente demócratas, por lo que todavía podría volverse a favor de Biden. El jefe de campaña del presidente, Bill Stepien, ha dicho esta mañana en una llamada con periodistas que sopesan reclamar recuentos en los estados donde el margen de victoria es un inferior a un 1%. “Si contamos todos los votos emitidos de forma legal, el presidente gana”, ha dicho Stepien. Trump dijo anoche que recurriría al Tribunal Supremo para impedir que se compute parte del voto por correo.

Pase lo que pase, Estados Unidos ha descubierto que es una nación todavía más dividida de lo que pensaba hasta ayer, un país partido en dos: las ciudades y el campo, las costas y el interior… Ambos bandos estaban igual de convencidos de que se impondrán. Su relación de fuerzas sin embargo sigue estando muy igualada. La participación fue histórica: habría alcanzado el 66,9%, según cálculos del US Election Project, la más alta en 120 años, cuando en 1900 votó el 73,7% del electorado.

La llegada en masa de nuevos votantes no se ha traducido sin embargo en un veredicto rotundo sobre la presidencia de Donald Trump ni a favor o en contra: ambos candidatos han atraído a nuevos votantes en grandes cantidades de forma muy igualada. El voto popular contabilizado hasta el momento otorga de hecho a Biden una ventaja muy similar a la que Hillary Clinton sacó a su rival republicano en el 2016, susceptible de cambiar no obstante en función de lo que ocurra en media docena de estados.

 

Con información de la vanguardia