A poco más de un mes de perder a su tercer hijo, John Legend y Chrissy Teigen se tatuaron el nombre de Jack, como una muestra de que siempre lo tendrán presente. El bebé tenía cinco meses de gestión cuando se presentó un desprendimiento parcial de placenta que se complicó por múltiples hemorragias que sufrió Chrissy y que los médicos no lograron controlar.

“Jack trabajó muy duro para ser parte de nuestra pequeña familia, y lo será para siempre. Para nuestro Jack: lamento mucho que los primeros momentos de tu vida hayan sido tan complicados y que no pudiéramos darte el hogar que necesitabas para sobrevivir. Siempre te amaremos”, narró la modelo de 34 años tras la pérdida.

Este fin de semana, Teigen publicó en Twitter una foto en la que se ve el nuevo tatuaje, que se encuentra junto a los nombres de sus primero hijos Luna y Miles.

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Más tarde, el artista responsable de inmortalizar al pequeño en la piel de sus padres, Winter Stone, publicó en su Instagram la imagen de los tatuajes y escribió “@chrissyteigen @johnlegend mi corazón está con ustedes. Les mando todo mi amor“.

Además, escribió en la plataforma Medium un texto en el que expresaba su dolor por la pérdida de Jack. “No puedo expresar lo poco que me importa que odien las fotos, que poco me importa que sea algo que no hubieran hecho ustedes. Lo viví, elegí hacerlo y, más que nada, estas fotos no son para nadie más que para las personas que han vivido esto o tienen la curiosidad de preguntarse cómo es algo así. Estas fotos son solo para las personas que las necesitan. Los pensamientos de los demás no me importan”.

El 30 de septiembre, horas después del incidente, Chrissy compartió una fotografía en la que aparece llorando en el hospital. La imagen causó polémica en redes sociales, a lo que la modelo declaró: “Después de un par de noches en el hospital, mi médico me dijo exactamente lo que sabía que vendría: era hora de decir adiós. Jack simplemente no sobreviviría a esto y, si continuaba, yo tampoco. Habíamos probado bolsas y bolsas de transfusiones de sangre, pero con cada una de ellas parecía que no hubiéramos hecho nada en absoluto. Una noche, tarde, me dijeron que sería hora de dejarlo ir por la mañana. Lloré un poco al principio, luego entré en convulsiones de mocos y lágrimas, sin poder respirar con mi propia increíblemente profunda tristeza”.

Con información de: Milenio