(Caracas, 12 de noviembre de 2020)-. En los reinos de la literatura de ficción existen diversos subgéneros y exponentes, algunos se inclinan hacia los colores del drama y el romanticismo, otros se sostienen sobre la credibilidad que solo los datos históricos pueden ofrecer y algunos prefieren la tensión única que brinda el suspenso y el terror. Se podría decir que la oferta y variedad disponible, al momento de plasmar en papel, estos mundos imaginarios, es cada vez mayor y se nutre de tantos títulos y eminencias que es difícil de precisar, en algunos casos, sus orígenes; sin embargo, el responsable de uno de los subgéneros más influyentes de la historia no es un misterio y es, sin duda alguna, H.P. Lovecraft, el padre de lo que hoy en día se conoce como: Horror cósmico.

“El miedo abrumador que sentimos cuando somos confrontados por un fenómeno que se escapa de nuestra comprensión, cuyos límites se expanden más allá del estrecho campo de los asuntos humanos y presumen de relevancia espacial, cósmica”. Es así como es descrito, por aquellos seguidores del thriller literario, un subgénero que se alimenta del poder de lo sublime para hacer sentir al lector insignificante e indefenso ante lo vasto y natural. Su esencia se centra en la coalición de lo desconocido y lo familiar, donde las fuerzas cósmicas que dan forma a la humanidad, evidencian el poco control que tiene la misma sobre su entorno.

El horror cósmico sigue influenciando tanto la literatura como el cine, incluso se ha arrastrado hasta llegar al diseño y las artes gráficas, probando, a través de los años, que nació para ocupar un lugar privilegiado en los oscuros rincones de la cognición de su audiencia, que surgió para crepitar en cada uno de los estantes del amante del suspenso, que vive para acechar entre la sombras que satisfacen la curiosidad de aquel en busca de escalofríos todavía sin descubrir.