Qué falta le hacía al Liverpool una bocanada de oxígeno. Un poco de paz, siete días de asueto con los que recargar las piernas de los titulares. Eso es precisamente lo que ha conseguido hoy ante el Ajax con una victoria regalada, pero también trabajada, que les clasifica matemáticamente como primeros de grupo a falta de una jornada. El regalo vino de parte de Onana, que no se enteró absolutamente de nada en la jugada del gol pero que dejó varias paradas para enmarcar.

La noticia llegaba en la portería, donde Kelleher, y no Adrián San Miguel, suplía a Alisson por un problema en los isquiotibiales. El irlandés, de solo 22 años, pasó el examen con nota, y Klopp se fue corriendo a abrazarle al final del partido. Pero, sin duda, el alumno aventajado de los jóvenes fue Curtis Jones, que envió un balón a la madera en la primera parte y marcó el tanto definitivo aprovechando un error de concentración garrafal de Onana.

El camerunés, capaz de lo mejor y de lo peor, sacó sin embargo dos mano a mano en los últimos minutos que mantuvo las esperanzas de los suyos, que fueron inferiores a los reds en prácticamente todas las parcelas del campo. Quien se la jugó fue Mané con un manotazo absurdo en el 92 que quizás pudo haberle costado la expulsión directa si el árbitro no hubiese mantenido la sangre fría, pues el golpe no tenía ninguna justificación y el senegalés es perfectamente consciente de lo que está haciendo.

Este resultado deja al Liverpool primero de grupo con 12 puntos y al Ajax con una situación muy complicada para alcanzar los octavos, pues, a pesar de que el Atalanta empató su partido contra el Midtjylland, los holandeses están obligados a ganar contra los italianos si quieren pasar a la fase final.

Con información de AS