BARCELONA — Lionel Messi conoció en Turín la renuncia de Josep Maria Bartomeu, en vísperas del primer partido del Barcelona como visitante esta temporada en la Champions League y en un momento especialmente delicado para el capitán azulgrana, después de un comienzo de curso irregular en el que su trascendencia en el terreno de juego no ha sido el habitual.

Messi se quedó en el Barcelona en contra de su voluntad pero asegurando en primera persona mantener “intacto” su compromiso con la entidad, reuniéndose personalmente con el nuevo entrenador, Ronald Koeman, y poniéndose a su disposición en la que, hoy por hoy, debe ser su última temporada como azulgrana en el caso de no variar de opinión por acabar contrato en junio de 2021.

Pero en el terreno de juego la imagen del capitán no ha sido, hasta el momento, la habitual. Acostumbrado a ser el líder indiscutible del equipo, el sistema implantado por Ronald Koeman no le ha beneficiado precisamente. Ahora delantero, ahora mediapunta, la incidencia de Leo en el juego colectivo ha disminuido, pretendiendo el nuevo entrenador dar mayor valor al equipo por encima de un solo jugador, algo que se ha dejado notar en sus estadísticas personales.

Autor de dos goles en seis partidos completos, ambos de penalti, la duda está en saber si ese descenso en la dependencia del equipo le pasará factura al crack argentino… y al propio equipo, tan necesitado como está de recuperarse de la depresión y en el comienzo de una nueva etapa, ya sin Luis Suárez, el amigo innegociable del capitán, y que reabre muchas opciones para el entrenador.

EN TRÁNSITO
“Messi no es feliz en el campo”. “Messi no celebra los goles con sus compañeros”. “Messi no es tan cercano como lo fue el año pasado con Ansu”. “Sin Suárez, Messi se siente solo en el vestuario”… Messi, Messi, Messi… En los dos últimos meses se han dicho y escrito muchas cosas del ’10’ azulgrana mientras él ha guardado un silencio solo roto por medio de un discurso programado a través del diario Sport en el que, sin embargo, no aclaró apenas nada más que lo obvio.

Lionel sigue llevando el brazalete de capitán aunque desde el propio club no se desmiente que su ascendente en el vestuario ha disminuido respecto al pasado. La poca alegría que transmite en el césped es una evidencia, lejos de mostrar ningún signo de euforia su seriedad aparece en ocasiones como un elemento extraño entre sus compañeros, por más que futbolísticamente mantenga inalterable su personalidad.

Pero ahí acude al plano otra circunstancia que da que pensar: Leo está en su último año de contrato y no ha dado ni una señal de recapacitar respecto a su intención de abandonar el Barça al acabar la temporada. Que su continuidad con Bartomeu estaba totalmente descartada es una obviedad… Pero ahora, con el cambio que se avecina en la dirección del club, falta por saber si el nuevo presidente sabrá, o hasta qué punto querrá, asegurarse su permanencia en el Camp Nou.

Con información de ESPN