Como suele ocurrir en Champions, el United se puso el traje de gala. Ha encontrado la manera de motivarse cuando juega en Europa y confirmó que el susto en Estambul solo fue eso. Un susto. El Basaksehir no fue rival en Old Trafford, abrumado por un equipo al que se tiene que nombrar a un Bruno Fernandes pletórico. El portugués está en las buenas y en las malas, quizá porque no sabe regularse ni entiende de encuentros menores como el de esta noche en Manchester (4-1).

El ex del Sporting se inventó un tanto de bandera. Hizo fácil aquello que para otros resulta imposible. A bote pronto, remachó desde la frontal a la escuadra, lejos del arquero: 1-0. Sensacional. Apenas le duró la ilusión al Basaksehir, confundido en Old Trafford. Nadie tanto como Günok, responsable de una pifia que le costó el 2-0 a su equipo. Se le escurrió el balón de las manos y Bruno Fernandes, eterno oportunista, barrió a la red. A pedir de boca para el United.

El dominio apabullante se tradujo en un primer tiempo efectivo, culminado por un penalti cometido sobre Rashford. Dudoso. Bruno Fernandes fue generoso y se lo dejó al ariete: 3-0. El Basaksehir se acercó con timidez, con alguna ocasión de Demba Ba, aunque nada que pusiera en riesgo a un United en el que iniciaron Van de Beek y Cavani sin mucha suerte. Mucho mejor Alex Telles, más determinante que cuando juega Shaw. Solo hace falta que Solskjaer se dé cuenta.

El segundo tiempo no tuvo historia. Fue un trámite. Aunque el United se dejó ir demasiado pronto. Hubo muchos cambios y un gol de Türüç para el recuerdo. Una falta esquinada que sorprendió a De Gea, sin apenas trascendencia en el marcador. Fue, sin embargo, un reflejo de lo representa el United ahora mismo: un equipo con potencial, vulnerable cuando se despista. El único asterisco a otro triunfo en Champions, redondeado con el cuarto en el descuento, obra de James.

Con información de Mundo Deportivo